Leyenda colombiana
La leyenda del Sombrerón
- Edad: 7 a 11 años
- 6 min de lectura
- Valores: honestidad, juego limpio, reparar los errores
- Colombia: Antioquia y otras regiones andinas
Jerónimo, un niño de un pueblo de Antioquia, gana todas las canicas del parque haciendo trampa y nunca vuelve a la casa cuando dan las seis. La noche en que le gana con trampa a Tobías su ojo de gato azul, el Sombrerón lo persigue por las calles empedradas, y al despertar Jerónimo decide devolver lo que no ganó limpiamente.
En un pueblo de montaña de Antioquia, de casas con balcones de colores y calles empedradas, los niños se reunían todas las tardes en el parque, debajo del samán, a jugar canicas. El que más ganaba era Jerónimo. Tenía el bolsillo tan lleno que sonaba al caminar: clin, clin, clin.
Lo que nadie sabía era que Jerónimo hacía trampa. Cuando los otros se agachaban a medir, él corría la raya con la punta del zapato o empujaba su canica con el dedo un poquito más cerca del hoyo. Y si alguno reclamaba, gritaba más duro hasta que el otro se callaba.
Además, nunca llegaba a tiempo a la casa. Su mamá, Luz Dary, se lo había dicho muchas veces:
—Cuando las campanas de la iglesia den las seis, se viene derechito para la casa.
Pero las campanas daban las seis, y Jerónimo seguía en el parque.
En la esquina del parque quedaba la zapatería de don Evelio, un señor de bigote blanco. Una tarde, mientras clavaba una suela, llamó a Jerónimo.
—Mijo, yo lo veo correr la raya con el pie. Tenga cuidado, que al Sombrerón no le gustan los tramposos ni los que andan en la calle de noche.
—¿Y ese quién es? —preguntó Jerónimo, haciendo sonar sus canicas.
—Un jinete vestido de negro, con un sombrero tan grande que no se le ve la cara. Anda en un caballo negro, con dos perros encadenados, y persigue a los tramposos, a los peleadores y a los trasnochadores. No le hace daño a nadie, pero del susto la gente cae desmayada.
Jerónimo soltó la risa y volvió al juego.
Un jueves llegó al parque Tobías, el vecino más pequeño de la cuadra. Traía una canica azul y transparente, con una rayita dorada por dentro: un ojo de gato que le había regalado su abuelo.
—¿La jugamos? —le dijo Jerónimo, con los ojos brillantes.
Tobías dudó, pero quería jugar con los grandes. Jerónimo corrió la raya, empujó su canica con el dedo y, en tres tiros, se quedó con el ojo de gato. Tobías se fue para la casa con los ojos aguados, sin decir nada.
Jerónimo se sentó en una banca, debajo del farol, a contar su tesoro. Las campanas dieron las seis, después las siete, después las ocho. Los demás niños se fueron. De la montaña bajó una neblina espesa que fue tapando los balcones uno por uno.
Entonces lo oyó. Tac, tac, tac: cascos de caballo sobre el empedrado. Y detrás, un ruido de cadenas arrastradas.
Por la calle de la iglesia apareció un caballo negro, más alto que cualquier otro, que echaba vapor por la nariz. Encima venía un jinete vestido de negro, con un sombrero tan ancho que rozaba los aleros de las casas. A los lados caminaban dos perros negros, grandes como terneros, con cadenas en el cuello.
El jinete levantó un brazo y una voz ronca retumbó en todo el parque:
—¡Si te alcanzo, te lo pongo!
Jerónimo salió corriendo. Las canicas se le salían del bolsillo y rebotaban por la calle: clin, clin, clin. Dobló por la calle de la panadería, y allá, al fondo, estaba el jinete. Se devolvió por la del colegio, y allá estaba otra vez, con el sombrero más grande que antes. Un viento helado le soplaba en la nuca y las cadenas sonaban cada vez más cerca.
Llegó a la esquina de la zapatería, se tropezó con una piedra del empedrado y cayó sentado en el andén. Alzó los ojos y vio cómo el ala del sombrero bajaba sobre él, negra como la noche. Y ya no vio nada más.
Se despertó con la luz de la mañana en la zapatería, envuelto en una ruana que olía a cuero. A su lado estaban don Evelio y su mamá, que lo abrazó con fuerza.
—Lo encontré dormido en el andén, mijo —le dijo don Evelio—. Del Sombrerón no quedaba sino el frío.
Jerónimo se tocó el bolsillo. Estaba vacío: todas las canicas habían rodado por las calles. Pero en la mano, bien apretada, tenía una sola: el ojo de gato azul de Tobías.
Esa misma mañana fue a la casa de Tobías y se lo devolvió.
—Te lo gané con trampa —le dijo, mirando el piso—. Perdóname.
Por la tarde, en el parque, les contó a todos que él corría la raya. Algunos se pusieron bravos, pero al rato lo invitaron a jugar otra vez, ahora con las reglas claras.
Desde entonces, Jerónimo gana unas veces y pierde otras, y le parece más divertido así. Cuando las campanas dan las seis, guarda las canicas y se va derechito para la casa. Dicen que en las noches de neblina todavía se oyen cadenas por el empedrado, pero a esa hora Jerónimo ya está tomando chocolate con su mamá.
Enseñanza de la leyenda
Lo que se gana con trampa no se disfruta, y cuando uno se equivoca, lo mejor es devolver lo ajeno y pedir perdón.
Inicio, nudo y desenlace de la leyenda del Sombrerón
Inicio
En un pueblo de Antioquia, Jerónimo gana todas las tardes a las canicas porque hace trampa, y nunca se va para la casa cuando dan las seis. Don Evelio, el zapatero, le cuenta que el Sombrerón persigue a los tramposos y a los trasnochadores, pero él se ríe.
Nudo
Jerónimo le gana con trampa a Tobías su ojo de gato azul y se queda en el parque hasta la noche. Entre la neblina aparece el Sombrerón con su caballo y sus perros encadenados, y lo persigue gritando «¡Si te alcanzo, te lo pongo!» hasta que el niño cae desmayado del susto.
Desenlace
Jerónimo despierta en la zapatería sin sus canicas, solo con el ojo de gato de Tobías en la mano. Se lo devuelve, confiesa sus trampas y desde entonces juega limpio y llega a la casa a las seis.
Personajes
- Jerónimo: Niño que gana a las canicas haciendo trampa y se queda en el parque después de que dan las seis.
- Tobías: El vecino más pequeño de la cuadra, que pierde con trampa el ojo de gato azul que le regaló su abuelo.
- Don Evelio: Zapatero de la esquina del parque que conoce la leyenda y le advierte a Jerónimo que el Sombrerón persigue a los tramposos.
- El Sombrerón: Jinete vestido de negro, con un sombrero enorme, un caballo negro y dos perros encadenados, que persigue a los tramposos y a los trasnochadores.
Preguntas de comprensión lectora
- literal¿Qué trampas hacía Jerónimo para ganar a las canicas?
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Cuando los otros se agachaban a medir, corría la raya con la punta del zapato o empujaba su canica con el dedo para acercarla al hoyo. Y si alguien reclamaba, gritaba más duro hasta que el otro se callaba.
- literal¿Cómo era el Sombrerón que apareció en el parque?
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Era un jinete vestido de negro, con un sombrero tan ancho que rozaba los aleros de las casas. Venía en un caballo negro muy alto que echaba vapor por la nariz, lo acompañaban dos perros negros con cadenas en el cuello y gritaba: «¡Si te alcanzo, te lo pongo!».
- literal¿Qué tenía Jerónimo en la mano cuando se despertó en la zapatería?
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El ojo de gato azul de Tobías. Todas las demás canicas se le habían salido del bolsillo mientras corría y habían rodado por las calles.
- inferencial¿Por qué crees que la única canica que le quedó a Jerónimo fue la de Tobías?
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Porque era la que más le pesaba en la conciencia: se la había ganado con trampa a un niño pequeño y sabía que era un regalo de su abuelo. Quedarse justo con esa canica le mostraba qué era lo primero que tenía que reparar.
- inferencial¿Por qué crees que los niños volvieron a invitar a Jerónimo a jugar después de que confesó sus trampas?
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Porque fue honesto, pidió perdón y devolvió lo que no había ganado limpiamente. Los amigos perdonan más fácil a quien reconoce su error, y ahora sabían que iba a jugar con las reglas claras.
- crítica¿Crees que ganar con trampa es ganar de verdad? ¿Qué harías tú si un amigo hace trampa en un juego?
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Respuesta libre. Ayude al niño a ver que lo que se gana con trampa no se disfruta y le hace daño a otros, como a Tobías. Conversen sobre formas tranquilas de reclamar, sobre la importancia de poner reglas claras antes de jugar y sobre aceptar que perder también hace parte del juego.
Vocabulario
- empedrado
- Suelo de una calle hecho con piedras puestas una al lado de la otra.
- ojo de gato
- Canica de vidrio transparente con una rayita de color por dentro, que parece el ojo de un gato.
- trasnochador
- Persona que se queda despierta o por fuera de la casa hasta muy tarde en la noche.
- alero
- Parte del techo que sale por encima de la pared de una casa y la protege del sol y de la lluvia.
- andén
- En Colombia, la acera: la parte de la calle por donde caminan las personas.
- ruana
- Prenda de lana gruesa, cuadrada y con una abertura para la cabeza, que se usa en tierra fría para abrigarse.
Actividad para después de leer
Datos curiosos sobre el Sombrerón
- En Guatemala también se cuenta una leyenda del Sombrerón, pero es muy distinta: allí es un hombrecito vestido de negro, con un sombrero enorme, que enamora a las muchachas de pelo largo y ojos grandes.
- En los relatos de Antioquia se dice que sus víctimas nunca salen heridas: del susto pierden el conocimiento, y el jinete desaparece con su caballo y sus perros en medio de un viento helado.
- La leyenda se cuenta en varias regiones de Colombia: además de Antioquia, se oye en el Tolima, el Huila, el Valle del Cauca, Cundinamarca y Boyacá.
Publicado el 7 de noviembre de 2026 · Por Brujo y Hechicero