
Cuentos para trabajar las emociones
Los cuentos para trabajar las emociones ayudan a los niños a ponerle nombre a lo que sienten. Cuando un personaje está triste, tiene miedo o le da vergüenza mostrarse como es, el niño puede hablar de ese sentimiento sin tener que hablar de sí mismo desde el principio, y eso hace más fácil la conversación.
En esta colección hay historias sobre la tristeza que llega sin avisar, el miedo que se comparte con los amigos, el valor de los abrazos y la importancia de ser uno mismo. Desde los 4 o 5 años funcionan leídas en voz alta por un adulto; entre los 8 y los 12, los niños pueden leerlas solos y luego conversarlas. Cada cuento trae preguntas de comprensión, vocabulario, una actividad y una ficha para imprimir.


El león que aprendió a rugir su verdad

El dragón que perdió su chispa

El color de tus emociones

El club de los valientes (y un poco miedosos)

El artesano de abrazos

Cuando la Tristeza vino de visita
Cómo leer estos cuentos con tus hijos o alumnos
Elige un momento tranquilo, no justo después de una pelea o un llanto: es más fácil hablar de una emoción cuando ya bajó la intensidad. Lee despacio y haz una pausa cuando el personaje cambie de ánimo; a veces basta con preguntar «¿cómo crees que se siente ahora?».
Evita convertir el final en un sermón. Si el niño llega a su propia conclusión, la recordará mejor. Y si se identifica con un personaje, escúchalo sin corregir lo que siente: todas las emociones son válidas; lo que se aprende es a expresarlas sin hacerse daño ni hacer daño a otros.
Preguntas para conversar después
Sirven para casi cualquier cuento de la colección. No hace falta hacerlas todas: con dos o tres es suficiente.
- ¿Qué sentía el personaje al principio y qué sintió al final?
- ¿En qué momento cambió lo que sentía? ¿Por qué?
- ¿Cómo se notaba esa emoción: en su cara, en su cuerpo, en lo que decía?
- ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Qué te ayudó?
- ¿Qué hizo el personaje con su emoción? ¿Qué otra cosa habría podido hacer?
- Si fueras su amigo, ¿qué le dirías?
Actividades para después de leer
Los cuentos acompañan, pero no reemplazan la conversación con la familia, el docente o el orientador escolar. Si notas que un niño está triste o asustado durante mucho tiempo, busca apoyo profesional.
- Dibujar la cara del personaje en tres momentos del cuento: al inicio, cuando aparece el problema y al final.
- Elegir un color para cada emoción del cuento y explicar por qué.
- Escribir o dictar una carta al personaje contándole qué haría en su lugar.
- Hacer en familia una lista de palabras para nombrar emociones: alegre, tranquilo, nervioso, frustrado, orgulloso, celoso.