Leyenda colombiana
La leyenda del Silbón
- Edad: 6 a 10 años
- 5 min de lectura
- Valores: respeto a los padres, perdón, responsabilidad
- Colombia: Llanos Orientales de Colombia (Arauca, Casanare, Meta y Vichada) y llanos de Venezuela
En un hato de Casanare, Tomás le contesta mal a su papá y esa noche el abuelo Ramón cuenta la leyenda del Silbón, el espanto que silba en la sabana. Tomás y su hermana oyen el silbido y ven una sombra altísima entre las palmas hasta que la perra Lucero ladra y la sombra se aleja. Al día siguiente, Tomás le pide perdón a su papá.
En un hato de Casanare, cuando el sol se escondía detrás de la sabana, la familia de Tomás se reunía junto al fogón. Las vacas ya estaban en el corral, las garzas volaban hacia el morichal y el aire olía a leña y a café recién colado.
—¡Hágalo usted, que yo estoy ocupado! —le había contestado Tomás a su papá esa tarde, cuando don Aurelio le pidió ayuda para cerrar la puerta del corral. Su papá no le dijo nada, pero se quedó callado y triste hasta la hora de la comida.
El abuelo Ramón se mecía en su chinchorro con el sombrero sobre las rodillas. Miró a Tomás, luego a Marianita, la hermanita menor, y les preguntó en voz baja: —¿Ustedes ya oyeron hablar del Silbón?
—Es un espanto del llano —siguió el abuelo, sin esperar respuesta—. Dicen que es un hombre altísimo, tan alto como las palmas de moriche, y flaco como una vara. Usa un sombrero grande y lleva a la espalda un costal viejo lleno de huesos. Anda por la sabana en las noches oscuras, y va silbando.
—Hace muchísimo tiempo era un muchacho consentido y caprichoso. No obedecía, se burlaba de los mayores y le hablaba feo a su papá. Un día, por un capricho, le hizo a su propio padre un daño tan grande que no tenía remedio. Su abuelo, muy dolido, lo echó de la casa y le soltó los perros, que lo persiguieron por toda la sabana. Desde entonces camina sin descanso, cargando ese costal para que nunca olvide lo que hizo.
Tomás se encogió en el banco. Marianita, en cambio, quería saber más: —¿Y cómo se sabe si está cerca, abuelo?
—Por el silbido —dijo el abuelo, bajando todavía más la voz—. Silba subiendo, como si cantara do, re, mi, fa, sol, la, si. Pero pongan cuidado, porque el Silbón engaña: cuando el silbido se oye cerquita, él está lejos. Y cuando se oye lejos, lejitos… es porque está cerca.
Esa noche, Tomás no podía dormir. Pensaba en el muchacho del costal y en la cara triste de su papá. Afuera, el viento movía las palmas y en el caño cantaban las ranas. De pronto, las ranas se callaron. Sobre la sabana pasó un silbido largo que subía y subía, como una escalera de notas.
Marianita saltó de su chinchorro y se metió en el de su hermano, temblando: —¡Tomás, está aquí, pegado a la casa!
—Tranquila —susurró él, aunque también le temblaba la voz—. Se oye muy cerca… eso quiere decir que está lejos.
Se quedaron quietos, abrazados. Al rato, el silbido volvió, pero esta vez sonaba débil, flojito, como si viniera del otro lado del morichal. A Tomás se le enfrió la espalda. Se acordó de las palabras del abuelo: cuando se oye lejos, está cerca.
Por una rendija de la pared vieron la sabana plateada por la luna. Entre las palmas se movía una sombra larga, larguísima, con un sombrero enorme. Y se oía algo más: clac, clac, clac, como huesos que chocan dentro de un costal. Entonces Lucero, la perra del hato, salió corriendo hacia el corral y ladró con todas sus fuerzas. La sombra se detuvo, dio media vuelta y se fue alejando, hasta que el silbido se perdió en la oscuridad y las ranas volvieron a cantar.
Al otro día, Tomás se levantó antes que nadie. Fue al corral, donde su papá ya estaba ordeñando, y le dijo bajito: —Papá, perdóneme por lo de ayer. No debí hablarle así.
Don Aurelio lo miró un momento, sonrió y le pasó el balde: —Perdonado, mijo. Ahora ayúdeme con esta vaca, que es muy mañosa.
Esa tarde, junto al fogón, los niños le contaron al abuelo lo que habían visto. Él se rascó la cabeza y dijo: —Quién sabe si era el Silbón o la sombra de una palma. Lo que sí sé es que a los papás se les quiere y se les respeta. Todos nos equivocamos, mijo; lo importante es darse cuenta a tiempo y pedir perdón.
Desde entonces, cuando alguien oye un silbido en la noche llanera, Tomás y Marianita se acuerdan de la leyenda. Y saben que la mejor manera de no cargar nunca un costal de culpas es tratar a la familia con cariño y respeto.
Enseñanza de la leyenda
A los papás y a la familia se les trata con cariño y respeto, y cuando uno se equivoca, lo valiente es reconocerlo y pedir perdón.
Inicio, nudo y desenlace de la leyenda del Silbón
Inicio
En un hato de Casanare, Tomás le contesta de mala manera a su papá. Al caer la tarde, el abuelo Ramón les cuenta a él y a su hermana Marianita la leyenda del Silbón y les advierte que su silbido engaña: si se oye cerca, está lejos, y si se oye lejos, está cerca.
Nudo
Por la noche, los niños oyen el silbido, primero muy cerca y luego lejos, y por una rendija ven entre las palmas una sombra altísima con sombrero mientras suenan huesos dentro de un costal. La perra Lucero ladra y la sombra se aleja.
Desenlace
Al amanecer, Tomás le pide perdón a su papá y lo ayuda en el corral. El abuelo le enseña que a los papás se les quiere y se les respeta, y que lo importante es darse cuenta a tiempo de los errores y pedir perdón.
Personajes
- Tomás: Niño llanero que le contesta mal a su papá y aprende a pedir perdón.
- Marianita: Hermanita menor de Tomás, curiosa y un poco miedosa.
- Abuelo Ramón: Abuelo de la familia, que cuenta la leyenda del Silbón desde su chinchorro.
- Don Aurelio: Papá de Tomás, trabajador del hato, que lo perdona con cariño.
- El Silbón: Espanto altísimo del llano, con sombrero y un costal de huesos, que anda silbando por la sabana en las noches oscuras.
Preguntas de comprensión lectora
- literal¿Cómo es el Silbón según el abuelo Ramón?
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Es un hombre altísimo, tan alto como las palmas de moriche, flaco como una vara, con un sombrero grande y un costal viejo lleno de huesos a la espalda.
- literal¿Qué truco tiene el silbido del Silbón?
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Engaña: cuando se oye cerquita, el Silbón está lejos, y cuando se oye lejos, está cerca.
- literal¿Qué hizo Lucero cuando los niños vieron la sombra entre las palmas?
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Salió corriendo hacia el corral y ladró con todas sus fuerzas, y la sombra dio media vuelta y se alejó.
- inferencial¿Por qué crees que Tomás se encogió en el banco mientras el abuelo hablaba del muchacho caprichoso?
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Porque esa misma tarde él le había hablado feo a su papá, y se sintió parecido al muchacho de la leyenda.
- inferencial¿Por qué crees que Tomás fue a pedirle perdón a su papá apenas se levantó?
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Porque pasó la noche pensando en el muchacho del costal y en la cara triste de su papá, y entendió que lo había lastimado con sus palabras.
- crítica¿Te parece que Tomás hizo bien en pedir perdón sin que nadie se lo pidiera? ¿Qué harías tú si le hablaras feo a alguien de tu familia?
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Respuesta libre. Ayude al niño a notar que pedir perdón por iniciativa propia muestra que uno entendió el error, y que Tomás además lo reparó ayudando en el corral. Puede invitarlo a recordar una situación propia y a pensar cómo la arreglaría.
Vocabulario
- hato
- Finca grande del llano donde se crían vacas y caballos.
- morichal
- Lugar donde crecen muchas palmas de moriche, casi siempre cerca del agua.
- chinchorro
- Hamaca tejida que se cuelga para descansar o dormir.
- costal
- Bolsa grande de tela gruesa que sirve para cargar cosas.
- caño
- Corriente de agua pequeña, como un riachuelo.
- rendija
- Abertura larga y delgada en una pared o entre dos tablas.
Actividad para después de leer
Datos curiosos sobre Silbón
- Según la tradición llanera, el silbido del Silbón sube como las notas musicales do, re, mi, fa, sol, la, si.
- La regla más conocida de la leyenda funciona al revés: si el silbido se oye cerca, el Silbón está lejos; si se oye lejos, está cerca.
- En el llano se cuenta que el Silbón les tiene miedo a los perros.
Publicado el 2 de noviembre de 2026 · Por Brujo y Hechicero