Leyenda colombiana
La leyenda de la Madremonte
- Edad: 6 a 10 años
- 5 min de lectura
- Valores: respeto por la naturaleza, honestidad, respeto por lo ajeno
- Colombia: Antioquia, el Eje Cafetero y otras zonas de montaña
Lucía y Simón descubren que su vecino, don Gonzalo, corrió la cerca de la finca de su abuela y cortó árboles junto a la quebrada. Esa noche el agua baja turbia, don Gonzalo se pierde en el monte y se encuentra con la Madremonte. Al día siguiente devuelve la cerca a su lugar y siembra árboles con los niños.
En una vereda de las montañas de Antioquia, entre cafetales y guaduales, vivían Lucía y su hermano Simón con su abuela Rosario. Detrás de la casa empezaba el monte: un bosque espeso de helechos, musgo y árboles tan altos que a mediodía parecía de tarde. Por el medio bajaba una quebrada tan clara que se podían contar las piedritas del fondo.
La finca de la abuela terminaba en un guayabo viejo. Desde allí, una cerca de alambre y estacones separaba su tierra de la de don Gonzalo, el vecino. Así había sido siempre, hasta la mañana en que Lucía fue a recoger guayabas y se quedó quieta, con la canasta vacía.
—¡Abuela, la cerca está corrida! —gritó, entrando a la cocina—. El guayabo quedó del otro lado, y hay árboles cortados junto a la quebrada.
La abuela fue a mirar. Los estacones estaban recién clavados, la tierra todavía estaba blanda y, donde antes había árboles, solo quedaban tocones. Respiró hondo y no dijo nada. Pero esa noche, mientras desgranaban arvejas a la luz de una vela, les contó a los niños la leyenda de la Madremonte.
—Es la dueña del monte —empezó—. Una mujer grande, vestida de musgo y hojas, con un sombrero de ramas tan ancho que nadie le ha visto nunca la cara. Vive en lo más espeso del bosque, donde no entra el sol. Cuando se baña en las quebradas, el agua baja turbia, y si se pone brava, los ríos se crecen. Y hay gente a la que no soporta: los que corren las cercas para quedarse con la tierra ajena y los que tumban el monte sin respeto. A esos los hace perder entre los árboles.
Simón se tapó con la cobija hasta la nariz. Lucía, en cambio, se asomó a la ventana. La luna alumbraba la quebrada, y el agua, que siempre había sido clarita, bajaba ahora color café, como si alguien muy grande se estuviera bañando más arriba. Y no había llovido en toda la semana.
Un rato después vieron una linterna que entraba al monte. Era don Gonzalo, con el machete al hombro, y Lucía adivinó a qué iba: a cortar más estacones, a escondidas. La lucecita se metió entre los árboles y empezó a moverse de un lado a otro: subía, bajaba, daba la vuelta y volvía a pasar por el mismo sitio, como una luciérnaga perdida.
Entonces, desde lo hondo del bosque, llegó un quejido largo, mitad viento y mitad voz, que hizo callar a los grillos. Simón se abrazó a su hermana. La abuela apagó la vela y dijo bajito: —Ya lo encontró.
Al amanecer, los tres fueron hasta el borde del monte. Don Gonzalo salió de entre los helechos despeinado, embarrado hasta las rodillas y con la cara blanca del susto. Se sentó en una piedra y les contó que había caminado toda la noche sin encontrar la salida, porque cada sendero lo devolvía al mismo árbol. Y que, cada vez que pasaba por ahí, a la luz de la linterna, veía una figura enorme cubierta de musgo, con un sombrero de hojas que le tapaba la cara, quieta junto a la quebrada.
Lucía sintió miedo, pero habló con voz firme: —Mi abuela dice que la Madremonte persigue a los que corren las cercas. Usted corrió la nuestra, don Gonzalo, y cortó los árboles de la quebrada.
Don Gonzalo bajó la cabeza y estuvo callado un rato largo. Después se levantó, fue por la pala y, sin que nadie se lo pidiera, arrancó los estacones nuevos y los volvió a clavar donde siempre habían estado, al lado del guayabo viejo.
Esa misma semana llegó con una carga de arbolitos: yarumos, cedros y guaduas pequeñas. Los niños le ayudaron a sembrarlos en la orilla, donde habían quedado los tocones. Simón cavaba los huecos y Lucía los regaba con agua de la quebrada, que ya volvía a bajar clarita.
Al terminar, la abuela les sirvió chocolate caliente y se quedó mirando hacia el monte. —La Madremonte no es mala, mijos —les dijo—. Cuida lo que es de todos: el agua, los árboles, los animales. Lo que no aguanta es que alguien se quede con lo que no es suyo.
Desde entonces, cuando Lucía y Simón entran al monte, caminan por el sendero, no arrancan ramas por gusto y saludan en voz baja antes de cruzar la quebrada. A veces, entre la neblina, les parece ver un sombrero de hojas que se mueve despacio entre los árboles. No se asustan. Saben que quien respeta el monte y lo ajeno puede pasar tranquilo.
Enseñanza de la leyenda
Lo que es de otros y lo que es de todos, como el agua y los árboles, se respeta y se cuida.
Inicio, nudo y desenlace de la leyenda de la Madremonte
Inicio
Lucía y Simón viven con su abuela Rosario en una vereda de Antioquia. Una mañana Lucía descubre que la cerca con la finca de don Gonzalo está corrida y que hay árboles cortados junto a la quebrada, y esa noche la abuela les cuenta la leyenda de la Madremonte.
Nudo
La quebrada baja turbia aunque no ha llovido. Don Gonzalo entra al monte a escondidas con su linterna, la luz da vueltas sin encontrar la salida y desde el bosque llega un quejido largo.
Desenlace
Al amanecer don Gonzalo sale asustado y cuenta que vio a la Madremonte, y Lucía le dice que corrió la cerca. Él la devuelve a su lugar y siembra arbolitos con los niños junto a la quebrada.
Personajes
- Lucía: Niña observadora y valiente que descubre que la cerca fue corrida y se atreve a decir la verdad.
- Simón: Hermano menor de Lucía, un poco miedoso, que ayuda a sembrar los arbolitos junto a la quebrada.
- La abuela Rosario: Dueña de la finca, que conoce las leyendas del monte y se las cuenta a sus nietos.
- Don Gonzalo: Vecino que corre la cerca y tumba árboles, y que después de perderse en el monte repara lo que hizo.
- La Madremonte: Mujer cubierta de musgo y hojas, con sombrero de ramas, que cuida el monte y persigue a quien se queda con lo ajeno.
Preguntas de comprensión lectora
- literal¿Qué descubrió Lucía cuando fue a recoger guayabas?
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Que la cerca estaba corrida, que el guayabo viejo había quedado del otro lado y que había árboles cortados junto a la quebrada.
- literal¿Cómo describió la abuela Rosario a la Madremonte?
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Como una mujer grande, vestida de musgo y hojas, con un sombrero de ramas tan ancho que nadie le ha visto la cara, que vive en lo más espeso del bosque.
- literal¿Qué le pasó a don Gonzalo en el monte durante la noche?
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Caminó toda la noche sin encontrar la salida, porque cada sendero lo devolvía al mismo árbol, y veía una figura enorme cubierta de musgo y con un sombrero de hojas junto a la quebrada.
- inferencial¿Por qué la quebrada bajaba color café esa noche, si no había llovido?
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Según la leyenda que contó la abuela, porque la Madremonte se estaba bañando más arriba. Era una señal de que estaba cerca y de que algo no le había gustado.
- inferencial¿Por qué crees que don Gonzalo devolvió la cerca a su lugar sin que nadie se lo pidiera?
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Porque entendió que perderse en el monte había sido un aviso de la Madremonte por correr la cerca y cortar los árboles, y porque sintió vergüenza cuando Lucía le dijo la verdad.
- críticaLucía le dijo a un adulto, don Gonzalo, lo que había hecho mal. ¿Te parece que hizo bien? ¿Cómo se puede decir una verdad difícil con respeto?
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Respuesta libre. Ayude al niño a valorar la honestidad de Lucía y a notar que habló con firmeza pero sin insultar. Puede aprovechar para conversar sobre a qué adulto de confianza acudir cuando ve algo injusto.
Vocabulario
- vereda
- Zona del campo, con fincas y casas separadas, que pertenece a un pueblo.
- guaduales
- Lugares donde crecen muchas guaduas, una planta alta parecida al bambú.
- estacones
- Palos gruesos clavados en la tierra que sostienen el alambre de una cerca.
- tocones
- Pedazos de tronco que quedan pegados al suelo cuando se corta un árbol.
- turbia
- Agua revuelta y sucia, que no deja ver el fondo.
- quejido
- Sonido triste y largo, como el de alguien que se queja.
Actividad para después de leer
Datos curiosos sobre Madremonte
- Se dice que cuando la Madremonte se baña en los ríos y quebradas, el agua se enturbia y pueden venir crecientes.
- Entre las personas que más persigue están las que corren las cercas para quedarse con un pedazo de tierra del vecino.
- Casi nunca se le ve la cara, porque la tapa un gran sombrero de hojas y ramas.
Publicado el 2 de noviembre de 2026 · Por Brujo y Hechicero