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Brujo y HechiceroLeyendas, mitos y cuentos de magia para niños

Leyenda colombiana

La leyenda del Mohán

  • Edad: 6 a 10 años
  • 5 min de lectura
  • Valores: respeto por la naturaleza, responsabilidad, honestidad
  • Colombia: Tolima, Huila y el río Magdalena

Matías, nieto de un pescador del río Magdalena, no cree en el Mohán y sale de madrugada con una red de malla fina para atrapar muchos peces y venderlos. Cuando la red se llena de pescaditos, el agua forma un remolino y el guardián del río aparece en la boca de su cueva. Matías devuelve los peces y aprende que al río solo se le toma lo necesario.

Preguntas
Al amanecer, dos niños en una canoa que da vueltas en un remolino del río Magdalena miran asombrados a un hombre peludo, de barba larga y ojos como brasas, que fuma tabaco sentado en la boca de una cueva entre las rocas.

En un pueblo de pescadores a orillas del río Magdalena, en el Tolima, vivía Matías con su abuelo Eusebio. Cada madrugada, antes de empujar la canoa al agua, el abuelo caminaba hasta una piedra grande de la orilla y dejaba encima un tabaco. Un día, Matías por fin le preguntó para quién era.

—Para el Mohán —respondió el abuelo, sin dejar de mirar el río—. Este río tiene dueño, mijo. Uno le pide permiso antes de entrar, y él deja que uno pesque lo que necesita.

Esa noche, mientras las ranas cantaban en el patio, el abuelo le contó quién era el Mohán. Vivía en una cueva escondida entre las rocas del río, llena de tesoros de oro. Era un hombre grande y peludo, con una barba larga y enredada como raíces, uñas largas y unos ojos que brillaban en la oscuridad como brasas. Siempre andaba fumando tabaco, y por eso a veces la orilla olía a humo sin que hubiera ningún fogón cerca.

—Con los que respetan el río es tranquilo —siguió el abuelo—. Dicen que en las noches de luna se sienta en las piedras a tocar música para las lavanderas. Pero al que abusa le enreda las redes, le roba la carnada del anzuelo y le arma remolinos para voltearle la canoa.

Matías se rio por dentro: eso era un cuento para asustar niños. Además, tenía un plan. Quería pescar muchísimos peces, venderlos en la plaza y comprarse unos guayos nuevos para jugar fútbol.

Al día siguiente, antes de que cantaran los gallos, sacó del rancho la red de malla fina que su tío había dejado de usar, esa de huequitos tan pequeños que atrapaba hasta los pescaditos recién nacidos. Su amiga Valentina lo vio pasar con la red al hombro y corrió detrás de él.

—Matías, esa red no —le dijo, agarrándolo del brazo—. Mi papá dice que con esa malla el río se queda sin peces.

Matías no le hizo caso. Desató la canoa pequeña y Valentina, que no quería dejarlo ir solo, se subió con él. Remaron hasta el remanso que hay frente a las rocas grandes, justo donde el abuelo decía que estaba la cueva. La red se llenó enseguida: bocachicos del tamaño de un dedo, sardinitas plateadas y pececitos tan chiquitos que casi eran transparentes. Matías ya iba contando las monedas.

Entonces el agua empezó a girar. Primero despacito, como cuando uno revuelve la aguapanela con una cuchara; después, cada vez más rápido. La canoa dio una vuelta, y otra, y otra. La red se enredó sola, en un nudo tan apretado que ninguna mano habría podido hacerlo. Y desde las rocas llegó un olor a humo de tabaco.

Valentina fue la primera en verlo. En la boca de la cueva, medio escondido entre las piedras mojadas, estaba sentado un hombre peludo, con una barba que le llegaba a la cintura y unas uñas largas apoyadas en la roca. Fumaba sin afán. Sus ojos, rojos como brasas, no miraban a los niños: miraban la red llena de pescaditos.

—Es el Mohán —susurró Valentina—. Matías, suéltalos. Devuélvele al río lo que no es tuyo.

A Matías le temblaban las manos, pero metió los dedos en el nudo. Para su sorpresa, la red se aflojó como si alguien la desatara desde abajo. La volteó sobre el agua y cientos de pececitos volvieron al río, brillando como chispas. En ese instante, el remolino se calmó. Cuando los niños levantaron la vista, en las rocas solo quedaba una nubecita de humo que el viento deshacía.

En la orilla los esperaba el abuelo. Matías le contó todo y le pidió perdón por sacar la red del tío sin permiso. —El Mohán no se enoja con el que pesca para comer —le dijo el abuelo—. Se enoja con el que le quita al río más de lo que el río puede dar. Esos pescaditos que soltaste son los bocachicos grandes del año que viene. Si hoy nos los llevamos todos, mañana nadie come.

Desde ese día, Matías sale a pescar con el abuelo, con un anzuelo sencillo, y devuelve al agua los peces pequeños. Antes de subir a la canoa, lo acompaña hasta la piedra grande a dejar el tabaco. Los guayos nuevos los compró meses después, con lo que ganó ayudando a remendar redes en el puerto.

Y cuando algún niño del pueblo se burla de la leyenda, Matías le cuenta lo que aprendió aquella madrugada: el río es generoso con quien lo cuida, y por eso hay que dejarle siempre peces para mañana.

Enseñanza de la leyenda

El río comparte su comida con quien lo cuida, por eso hay que tomar solo lo necesario y dejar crecer a los peces pequeños.

Inicio, nudo y desenlace de la leyenda del Mohán

Inicio

Matías vive con su abuelo Eusebio, pescador del río Magdalena, que deja un tabaco en una piedra para pedirle permiso al Mohán. Esa noche el abuelo le cuenta cómo es el Mohán y qué les hace a quienes abusan del río.

Nudo

Matías no cree en la leyenda y, para ganar dinero y comprarse unos guayos, sale de madrugada con Valentina y una red de malla fina. La red se llena de pescaditos, el agua forma un remolino, la red se enreda sola y el Mohán aparece en la boca de la cueva.

Desenlace

Matías suelta los pescaditos, el remolino se calma y el Mohán desaparece. El abuelo le explica que el Mohán se enoja con quien le quita al río más de lo que puede dar, y desde entonces Matías pesca solo lo necesario.

¿Cómo se identifican las partes de un cuento?

Personajes

  • Matías: Niño de un pueblo de pescadores que no cree en la leyenda hasta que se encuentra con el Mohán.
  • El abuelo Eusebio: Pescador del Magdalena que respeta el río y le enseña a su nieto la leyenda del Mohán.
  • Valentina: Amiga de Matías, prudente y valiente, que lo acompaña en la canoa y le pide devolver los pescaditos.
  • El Mohán: Guardián peludo y barbudo del río que vive en una cueva entre las rocas y asusta a quien abusa del agua.

Preguntas de comprensión lectora

Nombre:Fecha:
  1. literal¿Qué dejaba el abuelo Eusebio en la piedra grande antes de salir a pescar, y para quién era?
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    Dejaba un tabaco para el Mohán, como una forma de pedirle permiso para pescar en su río.

  2. literal¿Cómo era el Mohán según el abuelo?
    Ver respuesta

    Un hombre grande y peludo, con barba larga y enredada, uñas largas y ojos que brillaban como brasas. Vivía en una cueva entre las rocas del río y siempre andaba fumando tabaco.

  3. literal¿Qué pasó con el agua y con la red cuando Matías la llenó de pescaditos?
    Ver respuesta

    El agua empezó a girar en un remolino, la canoa dio varias vueltas y la red se enredó sola en un nudo muy apretado.

  4. inferencial¿Por qué crees que el tío de Matías había dejado de usar la red de malla fina?
    Ver respuesta

    Porque atrapaba hasta los pescaditos recién nacidos, y si se pescan los peces antes de que crezcan, el río se queda sin peces.

  5. inferencial¿Por qué el remolino se calmó cuando Matías devolvió los pececitos al agua?
    Ver respuesta

    Porque el Mohán vio que Matías entendía su error y le devolvía al río lo que no debía llevarse, así que ya no tenía motivo para asustarlo.

  6. críticaAunque hoy no veamos al Mohán, ¿crees que hay personas que le quitan a los ríos más de lo que pueden dar? ¿Qué podemos hacer nosotros para cuidarlos?
    Ver respuesta

    Respuesta libre. Ayude al niño a pensar en ejemplos cercanos, como botar basura al agua, pescar peces muy pequeños o desperdiciar agua, y a proponer acciones sencillas que estén a su alcance.

Vocabulario

carnada
Comida que se pone en el anzuelo para que los peces piquen.
remolino
Agua que da vueltas muy rápido, como un embudo.
remanso
Parte del río donde el agua corre muy despacio y parece quieta.
brasas
Pedazos de leña o carbón encendidos que brillan rojos después del fuego.
bocachico
Pez de río muy común en el Magdalena, que la gente pesca para comer.

Actividad para después de leer

Dibujen juntos en una hoja grande el río del cuento: la canoa, la piedra del abuelo y la cueva del Mohán entre las rocas. Luego, a un lado de la hoja, el niño escribe o dicta tres cosas que le hacen daño a un río y, al otro lado, tres cosas que lo cuidan. Para terminar, inventen entre los dos lo que el Mohán le diría a Matías si pudiera hablar.
Dibuja aquí tu parte favorita de la historia.

Datos curiosos sobre Mohán

  • En algunas zonas del Tolima y el Huila al Mohán también lo llaman Poira.
  • Se dice que en su cueva, escondida en el río, guarda tesoros de oro.
  • Cuando las redes salen enredadas o la carnada desaparece del anzuelo, muchos pescadores dicen que fue cosa del Mohán.

Publicado el 2 de noviembre de 2026 · Por Brujo y Hechicero

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