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Brujo y HechiceroLeyendas, mitos y cuentos de magia para niños

Leyenda colombiana

La leyenda de El Dorado

  • Edad: 6 a 10 años
  • 5 min de lectura
  • Valores: gratitud, respeto por la naturaleza, respeto por las culturas indígenas
  • Colombia: Altiplano cundiboyacense: laguna de Guatavita (Cundinamarca)

Andrés, Valentina y la abuela Inés visitan la laguna de Guatavita, y la abuela les cuenta cómo los muiscas cubrían de oro al nuevo cacique para que ofreciera tesoros a sus dioses desde una balsa. También les explica cómo, con la llegada de los españoles, la historia creció hasta convertirse en una ciudad de oro que nadie encontró. Andrés entiende que la laguna es un tesoro que hay que cuidar.

Preguntas
Al amanecer, sobre una laguna redonda y verde rodeada de montañas, una balsa de juncos avanza hacia el centro con un cacique muisca cubierto de polvo de oro que brilla al sol, mientras en la orilla arden hogueras y la gente toca flautas y caracoles.

La mañana estaba fría y Andrés llevaba la ruana del abuelo, que le llegaba hasta las rodillas. Subía por el sendero detrás de su prima Valentina y de la abuela Inés, que caminaba despacio pero sin parar. Cuando llegaron arriba, los tres se quedaron callados: abajo, rodeada de montañas, estaba la laguna de Guatavita, redonda y verde como un ojo que mira el cielo.

—¡Aquí es donde está el tesoro! —gritó Andrés—. Abuela, ¿cierto que en el fondo hay oro? Yo lo saco y nos volvemos ricos.

La abuela se sentó en una piedra, se acomodó el sombrero y sonrió: —Siéntense, que primero les cuento la historia completa. Después me dice si todavía quiere sacarlo.

—Hace muchísimo tiempo, antes de que llegaran los españoles, en estas montañas vivían los muiscas. Sembraban maíz y papa, tejían mantas de algodón y trabajaban el oro con mucha habilidad. Para ellos, esta laguna era sagrada: aquí venían a hablar con sus dioses y a llevarles ofrendas.

—Cuando un nuevo cacique iba a empezar a gobernar, se hacía una gran ceremonia. La gente llegaba de muchas partes, encendía hogueras alrededor de la laguna y tocaba flautas, tambores y caracoles. Al futuro cacique le untaban todo el cuerpo con una resina pegajosa y después lo cubrían con polvo de oro, hasta que quedaba brillando de pies a cabeza. Por eso los españoles, cuando oyeron hablar de él, lo llamaron El Dorado.

Valentina abrió la boca: —¿Todo el cuerpo?

—Todito —dijo la abuela—. Después subía a una balsa hecha de juncos, acompañado por otros caciques adornados con plumas y coronas de oro. A sus pies llevaban figuras de oro y esmeraldas. La balsa avanzaba despacio hasta el centro de la laguna, y en la orilla todo el mundo se quedaba en silencio.

—Entonces el cacique dorado echaba al agua el oro y las esmeraldas, como regalo para sus dioses, y sus acompañantes hacían lo mismo. Dicen que después se sumergía en la laguna y el agua le iba quitando el oro de la piel. Cuando la balsa volvía a la orilla, sonaba otra vez la música: el pueblo tenía un nuevo señor.

Andrés miró la laguna con los ojos muy abiertos: —Entonces sí hay oro ahí abajo.

—Eso mismo pensaron los españoles —dijo la abuela, y se puso seria—. Cuando llegaron a América y oyeron hablar del hombre dorado, la historia empezó a crecer: cada vez que alguien la contaba, la hacía más grande. Primero fue un cacique cubierto de oro. Luego, un rey rodeado de tesoros. Después, una ciudad entera de oro, con calles y techos dorados, escondida en algún lugar de la selva.

—Muchos salieron a buscarla. Cruzaron ríos, montañas y selvas de toda Sudamérica. Unos se perdieron, otros se enfermaron, y ninguno la encontró. Aquí mismo, en esta laguna, hubo quienes trataron de sacarle el agua para llegar al fondo: abrieron zanjas, trajeron máquinas, cavaron y cavaron. Encontraron algunas piezas, pero nunca el gran tesoro que soñaban.

Andrés se quedó pensando un buen rato: —Abuela, ¿y por qué nunca encontraron la ciudad, si buscaron tanto?

—Porque buscaban otra cosa —le dijo la abuela, poniéndole la mano en la cabeza—. Para los muiscas, el oro servía para dar las gracias a la laguna, al sol y a la tierra. Los que vinieron después solo querían llevárselo. Unos daban; los otros solo querían quitar. La ciudad de oro no existió nunca: la inventó la codicia.

Valentina miró el agua, que ahora brillaba con el sol de la mañana: —Entonces el tesoro de verdad es la laguna. Y que todavía esté aquí.

—Y la historia —agregó la abuela—. Los muiscas siguen presentes en sus descendientes, en los nombres de muchos pueblos y en quienes cuidan estos lugares. Eso nadie se lo pudo llevar.

Antes de bajar, Andrés se asomó una última vez. No buscó oro en el fondo: miró el agua verde, las montañas y el cielo, y en voz bajita le dio las gracias a la laguna, como hacían los muiscas. Había entendido que hay tesoros que no se sacan: se cuidan.

Enseñanza de la leyenda

Hay tesoros que no se sacan sino que se cuidan, y la codicia hace perseguir riquezas que no existen.

Inicio, nudo y desenlace de la leyenda de El Dorado

Inicio

Andrés, su prima Valentina y la abuela Inés suben a la laguna de Guatavita. Andrés quiere sacar el oro del fondo para volverse rico, y la abuela decide contarles primero la historia completa.

Nudo

La abuela cuenta la ceremonia muisca: el nuevo cacique, cubierto de polvo de oro, entraba en una balsa de juncos al centro de la laguna y ofrecía oro y esmeraldas a sus dioses. Luego explica que, con la llegada de los españoles, la historia creció hasta convertirse en una ciudad de oro que muchos buscaron sin encontrarla, y que algunos trataron de sacarle el agua a la laguna.

Desenlace

Andrés pregunta por qué nadie encontró la ciudad, y la abuela le explica que los muiscas daban el oro para agradecer y que la ciudad de oro la inventó la codicia. Antes de irse, Andrés mira la laguna sin buscar oro y le da las gracias, como hacían los muiscas.

¿Cómo se identifican las partes de un cuento?

Personajes

  • Andrés: Niño curioso que llega a la laguna queriendo sacar el oro y termina entendiendo su verdadero valor.
  • Valentina: Prima de Andrés, atenta a la historia, que descubre que el verdadero tesoro es la laguna.
  • Abuela Inés: Abuela que conoce la historia de los muiscas y la cuenta sentada junto a la laguna.
  • El cacique dorado: Nuevo jefe muisca que, cubierto de polvo de oro, entraba en balsa a la laguna de Guatavita para ofrecer oro y esmeraldas a sus dioses.
  • Los buscadores de El Dorado: Hombres que, al oír la historia del hombre dorado, recorrieron ríos, montañas y selvas buscando una ciudad de oro que nunca encontraron.

Preguntas de comprensión lectora

Nombre:Fecha:
  1. literal¿Qué le ponían en el cuerpo al nuevo cacique antes de subir a la balsa?
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    Le untaban una resina pegajosa y después lo cubrían con polvo de oro, hasta que quedaba brillando de pies a cabeza.

  2. literal¿Qué echaba al agua el cacique dorado cuando la balsa llegaba al centro de la laguna?
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    Oro y esmeraldas, como regalo para sus dioses.

  3. literal¿En qué se fue convirtiendo la historia del hombre dorado a medida que la contaban?
    Ver respuesta

    Primero en un rey rodeado de tesoros y después en una ciudad entera de oro, con calles y techos dorados, escondida en algún lugar de la selva.

  4. inferencial¿Por qué crees que los muiscas le entregaban su oro a la laguna en vez de guardarlo?
    Ver respuesta

    Porque para ellos la laguna era sagrada y el oro servía para dar las gracias a sus dioses, no para hacerse ricos.

  5. inferencial¿Qué quiso decir la abuela con que la ciudad de oro la inventó la codicia?
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    Que esa ciudad nunca existió: la historia se fue agrandando porque quienes la contaban y la buscaban deseaban tanto las riquezas que imaginaron un tesoro que no había.

  6. críticaAl principio Andrés quería sacar el oro de la laguna y al final ya no. ¿Estás de acuerdo con su cambio? ¿Qué lugar de tu región crees que merece ser cuidado como los muiscas cuidaban la laguna?
    Ver respuesta

    Respuesta libre. Invite al niño a explicar con sus palabras por qué cambió Andrés: entendió que la laguna era sagrada para los muiscas y que la codicia no lleva a ninguna parte. Luego ayúdelo a pensar en un río, un parque o un lugar de su región y en acciones concretas para protegerlo.

Vocabulario

ruana
Prenda de lana, como una manta con una abertura para la cabeza, que se usa en tierra fría.
cacique
Jefe o señor de un pueblo indígena.
ofrendas
Regalos que se ofrecen a los dioses para agradecer o pedir algo.
resina
Sustancia espesa y pegajosa que sale de algunas plantas.
zanjas
Huecos largos y angostos que se cavan en la tierra, por ejemplo para que corra el agua.
codicia
Deseo exagerado de tener riquezas.

Actividad para después de leer

Balsa de ofrendas: con palitos de paleta, pitillos o cartón, el niño arma una pequeña balsa como la del cacique dorado. En lugar de oro, pone encima papelitos amarillos donde escribe o dibuja cosas por las que quiere dar las gracias, como su familia, un río o un amigo. Luego le explica a un adulto qué ofrecían los muiscas y por qué, y en qué se diferencia su balsa de lo que buscaban los españoles.
Dibuja aquí tu parte favorita de la historia.

Datos curiosos sobre El Dorado

  • Al principio, El Dorado no era un lugar sino una persona: el cacique cubierto de polvo de oro.
  • En el Museo del Oro de Bogotá se conserva la Balsa Muisca, una pequeña pieza de oro que muestra a un cacique sobre una balsa, rodeado de acompañantes.
  • Los muiscas ofrecían a sus dioses pequeñas figuras de oro llamadas tunjos, que dejaban en lagunas, cuevas y otros lugares sagrados.

Publicado el 2 de noviembre de 2026 · Por Brujo y Hechicero

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