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Brujo y HechiceroLeyendas, mitos y cuentos de magia para niños

Cuento sobre emociones

Cuando la Tristeza vino de visita

  • Edad: 4 a 8 años
  • 6 min de lectura
  • Valores: empatía, aceptación de las emociones, paciencia

Una mañana, la Tristeza toca la puerta de Elara, una niña que tenía planes de jugar y leer. Elara intenta ignorarla y distraerla, pero solo termina agotada. Cuando por fin le pregunta qué necesita y comparte con ella un té, un dibujo y un rato de silencio, la Tristeza se aligera y se despide.

Preguntas
Niña de pelo castaño sentada en la alfombra de la sala junto a una pequeña criatura azul de mirada triste; las dos están envueltas en mantas y frente a ellas hay una taza de té.

Una mañana de martes, justo después del desayuno, alguien llamó a la puerta. No era un golpe fuerte ni alegre. Era un golpeteo suave, casi tímido, como el sonido de la lluvia en el cristal.

Al abrir, Elara no vio a nadie al principio. Pero al bajar la vista, la encontró. Sentada en el felpudo había una criatura pequeña y de color azul grisáceo. Parecía hecha de niebla y pesaba tanto que sus hombros estaban encorvados. No dijo nada, simplemente levantó sus grandes y melancólicos ojos. Era la Tristeza.

La primera reacción de Elara fue cerrar la puerta. No había invitado a la Tristeza. Tenía planes: quería construir el castillo de bloques más alto del mundo y leer su libro sobre dragones que escupían chispas de caramelo. La Tristeza no encajaba en sus planes.

Intentó ignorarla. Se puso a apilar sus bloques de colores, haciendo mucho ruido, cantando una canción muy, muy alegre. Pero sentía la presencia de la Tristeza al otro lado de la puerta, pesada y silenciosa. El castillo de Elara se tambaleaba y se caía una y otra vez.

Frustrada, abrió la puerta de nuevo. La Tristeza seguía allí. Parecía un poco más grande.

«No puedes quedarte», le dijo Elara con firmeza. «Esta es una casa feliz».

La Tristeza no respondió, pero una lágrima lenta y plateada rodó por su mejilla.

Elara decidió probar otra táctica: la distracción. Agarró a la Tristeza de su mano, que estaba sorprendentemente fría, y la arrastró por la casa. Le enseñó sus juguetes más ruidosos, le puso sus dibujos animados más graciosos y hasta le ofreció su galleta favorita, la que tenía chispas de chocolate dobles.

Pero la Tristeza no se rio. No jugó. Y apenas mordisqueó la galleta. Simplemente, se sentaba a su lado, y su presencia silenciosa parecía absorber todos los colores de la habitación. Elara se sentía cada vez más cansada. Intentar hacer feliz a la Tristeza era agotador.

Finalmente, exhausta, Elara se rindió. Se dejó caer en el sofá y suspiró. La Tristeza se acurrucó a su lado, y por primera vez, Elara no la apartó. Se quedaron sentadas en silencio.

Después de un largo rato, Elara se giró y la miró. Realmente la miró. Vio el cansancio en sus ojos y la pesadez en su postura.

«¿Qué necesitas?», le susurró Elara.

La Tristeza pareció sorprenderse. Nadie le había preguntado eso antes. Se quedó pensando un momento y luego, con una voz que sonaba como hojas secas arrastradas por el viento, dijo: «No lo sé. Quizá… ¿un té caliente?».

Así que Elara le preparó una taza de té de manzanilla. Se sentaron juntas en la alfombra, sorbiendo el líquido tibio. La Tristeza pareció relajarse un poco.

Luego, Elara tuvo otra idea. Buscó sus lápices de colores, pero en lugar de tomar los amarillos y rojos brillantes, eligió los azules, los grises y los morados. Le dio un papel a la Tristeza y se pusieron a dibujar juntas. No dibujaron castillos ni dragones. Dibujaron gotas de lluvia, nubes pesadas y ríos sinuosos. Era un dibujo tranquilo, y se sintió bien.

Más tarde, Elara buscó la manta más suave que tenía y se la puso a la Tristeza sobre los hombros. Pusieron música, una melodía lenta de piano que sonaba como la que tocaba su abuelo. No hablaron. Simplemente escucharon, arropadas y en calma.

Elara se dio cuenta de algo curioso. Al dejar de luchar contra la Tristeza, al hacerle un pequeño hueco en su día, la pesadez que sentía en la casa comenzó a aligerarse. Ya no era una presencia abrumadora que lo absorbía todo, sino simplemente una compañera silenciosa.

Cuando el sol de la tarde comenzó a pintar el cielo de naranja y rosa, la Tristeza se levantó. Parecía diferente. Ya no estaba tan encorvada y su color azul grisáceo tenía un leve matiz perlado. Ya no parecía tan pesada.

Se acercó a la puerta y miró a Elara. No sonrió, pero en sus ojos había una chispa de gratitud.

«Gracias por la visita», dijo Elara, y lo decía de verdad.

La Tristeza asintió suavemente y, al abrirse la puerta, se disolvió en el aire del atardecer tan silenciosamente como había llegado.

Elara se quedó sola en su sala de estar. Los colores parecían más brillantes que antes. Tomó su libro de dragones y, por primera vez en todo el día, sintió verdaderas ganas de leerlo.

Comprendió que la Tristeza no era una enemiga a la que había que expulsar. Era una visitante que a veces llegaba sin avisar. No venía a romper los juguetes ni a robar la alegría. Solo necesitaba un lugar tranquilo donde sentarse, una taza de té caliente y que alguien, por un ratito, estuviera dispuesto a compartir su silencio. Y al hacerlo, Elara aprendió que incluso después de la visita más gris, los colores siempre vuelven, a menudo, un poco más vivos que antes.

Moraleja

La tristeza no es una enemiga: si la escuchamos con calma y le hacemos un lugar, pasa, y los colores vuelven.

Inicio, nudo y desenlace de cuando la Tristeza vino de visita

Inicio

Un martes, después del desayuno, alguien toca suavemente la puerta de Elara. Es la Tristeza, una criatura pequeña y pesada que se sienta en el felpudo sin decir nada.

Nudo

Elara no la quiere en su casa: primero la ignora haciendo ruido con sus bloques, luego le dice que no puede quedarse y después intenta distraerla con juguetes, dibujos animados y su galleta favorita. Nada funciona y Elara termina agotada.

Desenlace

Elara se sienta a su lado y le pregunta qué necesita. Le prepara té de manzanilla, dibujan juntas con colores azules y grises y escuchan música bajo una manta. Al atardecer, la Tristeza se va más ligera y Elara vuelve a tener ganas de leer.

¿Cómo se identifican las partes de un cuento?

Personajes

  • Elara: Una niña que quería pasar el día construyendo un castillo de bloques y leyendo su libro de dragones.
  • La Tristeza: Una criatura pequeña, azul grisácea y como hecha de niebla, que llega sin avisar y habla con voz de hojas secas.

Preguntas de comprensión lectora

Nombre:Fecha:
  1. literal¿Qué planes tenía Elara antes de que llegara la Tristeza?
    Ver respuesta

    Quería construir el castillo de bloques más alto del mundo y leer su libro sobre dragones que escupían chispas de caramelo.

  2. literal¿Qué hizo Elara para intentar distraer a la Tristeza?
    Ver respuesta

    Le enseñó sus juguetes más ruidosos, le puso sus dibujos animados más graciosos y le ofreció su galleta favorita, la de chispas de chocolate dobles.

  3. literal¿Qué respondió la Tristeza cuando Elara le preguntó qué necesitaba?
    Ver respuesta

    Primero dijo que no lo sabía y luego propuso: «Quizá… ¿un té caliente?». Elara le preparó una taza de té de manzanilla.

  4. inferencial¿Por qué crees que la Tristeza parecía más grande cuando Elara la ignoraba?
    Ver respuesta

    Porque cuando no queremos ver una emoción y la apartamos, se vuelve más pesada. En el cuento, la Tristeza solo empezó a aligerarse cuando Elara dejó de luchar contra ella.

  5. inferencial¿Por qué Elara eligió lápices azules, grises y morados para dibujar con la Tristeza?
    Ver respuesta

    Porque quería acompañarla tal como se sentía, sin obligarla a estar alegre. Por eso dibujaron gotas de lluvia, nubes y ríos, y el dibujo tranquilo las hizo sentir bien.

  6. crítica¿Qué haces tú cuando la tristeza viene de visita? ¿Qué te ayuda a sentirte acompañado?
    Ver respuesta

    Respuesta libre. Conviene escuchar sin corregir y aceptar lo que el niño cuente. Se pueden recordar las ideas del cuento (un té, una manta, música suave, dibujar) y conversar sobre a quién puede acudir cuando está triste.

Vocabulario

felpudo
Alfombrita que se pone en la entrada de la casa para limpiarse los zapatos.
melancólicos
Que muestran una tristeza suave y tranquila.
táctica
Manera pensada de hacer algo para conseguir lo que uno quiere.
agotador
Que cansa muchísimo.
manzanilla
Planta de flores pequeñas con la que se prepara una bebida caliente que ayuda a relajarse.
abrumadora
Tan grande o pesada que cuesta soportarla.

Actividad para después de leer

Dibujen la visita de la Tristeza. El niño usa solo colores azules, grises y morados, como Elara, y dibuja gotas de lluvia, nubes o ríos. Mientras dibujan, conversen sobre una vez en la que se sintió triste y sobre qué le ayudó. Al terminar, hagan un segundo dibujo con los colores que vuelven después de la visita y pongan los dos uno al lado del otro.
Dibuja aquí tu parte favorita de la historia.

Publicado el 5 de septiembre de 2025 · Actualizado el 2 de noviembre de 2026 · Por Brujo y Hechicero

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